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Evaluar la creación de nuevas reservas dela biósfera en Chile, Colombia y Panamá fue uno de los principales acuerdos tomados durante la realización del proyecto Reservas de la Biosfera como una herramienta para la gestión de zonas costeras e islas en el Pacífico Sur Oriental (Bresep, por sus siglas en inglés), concluido el pasado 13 de diciembre en el Parque Nacional Chiloé.

La actividad, financiada por el gobierno de Flandes de Bélgica, fue organizada por el Programa Hombre y la Biósfera (MaB) de la Comisión de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y la Corporación Nacional Forestal (CONAF). Contó con la participación de representantes de Colombia, Chile, Ecuador, Panamá y Perú, provenientes de organismos públicos relacionados con las áreas protegidas y el medioambiente, además de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la Unesco (COI) y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, a través del Departamento de Agencias Especializadas de Naciones Unidas.

Las nuevas áreas que podrían convertirse en reservas de la biósfera son el archipiélago de Chiloé en Chile, la Subregión Sanquianga-Gorgona en Colombia, y la isla de Coiba o el archipiélago Las Perlas en Panamá, pues reúnen recursos naturales y culturales que ya están siendo protegidos por sus respectivos gobiernos a través de diferentes figuras de protección.

El objetivo de Bresep es crear y fortalecer las reservas de biósfera existentes en las zonas costeras y en islas del Pacífico sur oriental en Chile, Colombia, Ecuador, Panamá y Perú.

El programa de la Organización de Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (Unesco), alienta a los países a establecer reservas de biósferas con el fin de promover un desarrollo sostenible, basadas en los esfuerzos de las comunidades locales, en territorios considerados como “laboratorios vivientes”, para demostrar que la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales son posibles.

 

Propuestas de reservas

En el caso de Chiloé, CONAF administra y gestiona dos áreas silvestres protegidas: el Parque Nacional Chiloé y el Monumento Natural Islotes de Puñihuil, en los que se protegen diversos ecosistemas, como bosques templados, dunas, alerzales, tepuales y turberas, además de fauna endémica, como el zorro chilote e híbridos de pingüinos de Humboldt y de Magallanes.

Más al norte, en Colombia, la Subregión Sanquianga-Gorgona destaca por contar con el Parque Natural Gorgona, sitio de avistamiento de cetáceos, y el Parque Nacional Natural Sanquianga, que presenta ecosistemas de manglares, playas arenosas, bosques pantanosos y bosques inundables, sin influencia de agua salada.

Mientras que en Panamá la isla de Coiba forma parte de un parque nacional en donde se preservan formaciones boscosas inalteradas en más del 80 por ciento y una rica diversidad marina, además de ser patrimonio natural, y conservar muestras de rasgos históricos culturales ya que fue una colonia penal hasta fines del siglo XX. Coiba forma parte también de la iniciativa regional CMAR (corredor del Pacífico este tropical). Por su parte, el archipiélago de Las Perlas resalta por su pasado como lugar de producción de perlas, por la historia y calidez de sus habitantes y sus aguas y fondos marinos prístinos en su mayoría ideales para la pesca, buceo y recreación.

Al respecto, Miguel Clüssener-Godt, encargado de la División de Ciencias Ecológicas y de la Tierra del MaB, explicó que una reserva de la biósfera es “un sello de excelencia que otorga la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que comprueba que el pueblo adhiere a la protección de recursos naturales y del medio ambiente presente en su territorio”. Añadió ello representa una oportunidad para ofrecer productos y servicios a turistas, por ejemplo, que buscan lugares en donde la sustentabilidad sea puesta en práctica cotidianamente.

Entre otros acuerdos suscritos en la reunión figuran la constitución de comités de gestión en los lugares que no los poseen, los que son integrados por diversos sectores de la comunidad en donde se nominan las reservas; la definición de actividades educativas y culturales para involucrar a la población local en torno a las reservas de biósfera, la definición de una estrategia y protocolos para los productos o servicios que podrían llevar una marca “reserva de la biósfera” y la promoción de la cooperación internacional entre los países participantes del proyecto Bresep y la Red de Información y Datos del Pacífico Sur para el Apoyo a la Gestión Integrada del Área Costera (Spincam, por sus siglas en inglés), como también el intercambio de experiencias y buenas prácticas entre las diferentes reservas y la divulgación de las actividades que cada una de ellas realice.

“Este tipo de trabajo demuestra que los viejos paradigmas de conservación están en franco retroceso, que es separar al ser humano del ambiente. Las reservas de la biósfera buscan que la conservación y la sustentabilidad sean un compromiso de la localidad en su conjunto y para CONAF ello no es un tema nuevo”, sostuvo al respecto, Andrés Meza Álvarez, gerente de Áreas Silvestres Protegidas de CONAF.

Explicó que tanto en las áreas protegidas donde existen reservas como en el resto de las unidades que conforman el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE) el vínculo con las comunidades es un trabajo constante que fortalecen constantemente. “Las áreas protegidas están al servicio de la sociedad”, puntualizó.

En la primera reunión del proyecto Bresep los participantes sostuvieron reuniones de trabajo en Castro y participaron de actividades en terreno en el Parque Nacional Chiloé.

La duración del proyecto es de tres años y en 2015 la reunión se realizará en Lima, Perú.

 

Las reservas de la biósfera en Chile

La definición de una reserva de la biósfera, según Unesco, corresponde a áreas geográficas representativas de la diversidad de hábitats del planeta. Ya sean ecosistemas terrestres o marítimos, estas se caracterizan por ser sitios que no son exclusivamente protegidos (como los parques nacionales) sino que pueden albergar a comunidades humanas, quienes viven de actividades económicas sustentables que no ponen en peligro el valor ecológico del sitio.

Así, las reservas de la biósfera cumplen tres funciones: la de conservación de los ecosistemas y la variación genética; el fomento del desarrollo económico y humano sostenible; y servir de ejemplos de educación y capacitación en cuestiones locales, regionales, nacionales y mundiales de desarrollo sostenible.

La Unesco ha distinguido en Chile diez reservas de la biósfera, que de norte a sur son: Lauca, Fray Jorge, Archipiélago Juan Fernández, La Campana-Peñuelas, Corredor Biológico Nevado de Chillán-Laguna del Laja, Araucarias, Bosques Templados Lluviosos de los Andes Australes, Laguna San Rafael, Torres del Paine y Cabo de Hornos.

Las primeras fueron Fray Jorge y Archipiélago Juan Fernández, las que recibieron tan nominación en 1977.