Arica y ParinacotaParte del equipo de diez personas que participó de la jornada a 4.300 metros de altura en la Reserva Nacional Las Vicuñas.

Una jornada piloto, preparatoria para lo que serán las acciones que traerá consigo el proyecto “Manejo sustentable de la tierra”, realizó CONAF al establecer cien plantas de llareta (Azorella compacta) y queñoa de altura (Polylepis tarapacana) -40 y 60 respectivamente-, en la Reserva Nacional Las Vicuñas, sector Puquios.

 

El desafío lo cumplió un equipo de diez personas, incluidos dos estudiantes en práctica, en una acción transversal a los departamentos de Desarrollo y Fomento Forestal, Áreas Silvestres Protegidas y Fiscalización y Evaluación Ambiental de la Corporación.   Como objetivos primordiales para esta actividad de “enriquecimiento ecológico” dentro de la Reserva, figuran la conservación de estas dos especies nativas vulnerables y el mejoramiento de la condición de un bosque degradado, en pro de los servicios ambientales que este ecosistema forestal presta a la región.

 

Bosques degradados

Víctor Quezada, jefe de Desarrollo y Fomento Forestal de CONAF Arica y Parinacota, precisa que que “no por moda decimos que nuestros bosques están degradados. ¡Están degradados!  Su condición y estructura no es la de un bosque natural y ya es muy difícil que podamos encontrar arriba un bosque virgen”.  Haciendo alusión a la sobreexplotación del pasado, describe su estado actual y dice que “hoy se han convertido en bosques abiertos,  sin densidad suficiente, por tanto la regeneración natural no crece protegida al alero de otras copas y sólo alcanza una forma arbustiva. En lugar del bosque original sólo tenemos una apariencia de matorrales”.

 

Cambiar esa realidad es la que busca la intervención forestal y para ello CONAF viene preparándose hace ya dos años.   De hecho ese es el tiempo de los nuevos árboles y arbustos que llevaron a terreno para la jornada piloto y el contraste es notorio.  “Hemos constatado en terreno que plantas de regeneración natural de hace ya cinco años, no superan los diez centímetros y además están ya leñosas o lignificadas.  En cambio nosotros estamos llegando con plantas de dos años y de veinte centímetros de altura, que perfectamente podrían doblar su altura en los dos primeros años y, ¿por qué no?, alcanzar un medio metro en cinco años”.

 

Importancia

En términos forestales la actividad se denomina de enriquecimiento ecológico, concepto que está incluido en la Ley de Bosque Nativo como la actividad que se realiza para hacer restauración ambiental.

 

Producto del esfuerzo, se espera recuperar los beneficios o lograr los ´servicios ambientales´ que genera nuestro bosque andino, otro concepto en boga, pero que no siempre conocemos de qué trata.  Del listado de servicios ambientales que genera el bosque nativo altiplánico, quizá uno de los más sensibles a nuestra vida cotidiana sea el de regular el ciclo hídrico y la disponibilidad de agua en su recorrido tierras abajo.   Pero hay mucho más.  Víctor Quezada enumera y detalla: “Estos bosques nos ofrecen control de erosión, regulación del ciclo hídrológico, es decir mayor retención de agua y aporte a las partes más bajas, hábitat para la vida silvestre, usos ancestrales por parte de las comunidades,  es decir árboles que tengan mejor forma van a aportar con mayor corteza, control de desertificación, y aporte a la mitigación del cambio climático mediante la retención de carbono”.

 

La tarea recién comienza,  De hecho está programado regar manualmente entre uno a dos años, salvo los períodos de lluvia.  No más, dice el profesional de CONAF, porque no es la idea artificializar el riego, sólo lo suficiente para que la planta elongue hasta el subsuelo donde encontrará agua y pueda ya esperar un año sin riego hasta la nueva temporada de lluvias”.

 

De la jornada de Puquios con queñoas y llaretas, Víctor Quezada dice: “El trabajo es agotador, calculo que el rendimiento por persona es de ocho plantas por día”.  El esfuerzo esta vez lo hicieron Arturo Gómez, jefe del Área Putre, Andrés Huanca, Víctor Quezada, los guardaparques Leonardo Choque y César Choque, José Luis Urrutia, fiscalizador forestal, David Robles y Gustavo Morales, del Vivero Las Maitas de Azapa y los estudiantes en práctica de la UTA y la Universidad Austral de Valdivia,  Angélica Flores, de Agronomía y Roque Montecinos, de Ingeniería en Recursos Naturales, respectivamente.

 

Pero el esfuerzo vale la pena.  Quezada concluye indicando que “junto con mejorar los suelos forestales del altiplano, mejoramos la retención del agua, incluso para los bofedales, y luego hacia las partes bajas.  Por eso para nosotros el gran objetivo es conservar las partes altas, como receptoras de agua hacia las partes bajas. Asimismo, la actividad nos servirá de base como experiencia piloto para medir costos, que sabemos son altos, y toda la viabilidad técnica para megaproyectos de enriquecimiento ecológico en nuestro altiplano”.

 

Si somos capaces de mantener esa cobertura forestal y mitigar los daños producto de la sobreexplotación de los siglos pasados, estaremos haciendo gestión de manejo -a través de los bosques para almacenar el agua de la cuenca que se utiliza aguas abajo, ya sea en los valle o en la ciudad-, y a la vez gestión en materia de conservación para nuestras áreas silvestres protegidas”.