La Araucanía

La producción de los viveros de Curacautín y Nueva Imperial están destinados a la conservación, parques urbanos y  restauración ecológica.

Canelos, pitaos y araucarias aguardan en sus bandejas para el traspaso a los sombreaderos del vivero y hermosear o restaurar  parques urbanos, escuelas, sedes vecinales y zonas afectadas por incendios forestales. Así es el ciclo productivo del millón de plantas anuales que genera CONAF en los viveros de Nueva Imperial y Curacautín en la región de La Araucanía.

“En nuestros viveros donde laboran cerca de un centenar de trabajadoras y trabajadoras, donde  el 70% son mujeres, se producen árboles que se utilizarán en restauración ecológica, se trabaja en la reproducción de especies en peligro de conservación, se analiza el daño que afecta a las araucarias, se reproducen plantas medicinales que solicitan machis y lonkos y crecen los árboles que irán en beneficio de distintas agrupaciones de la región con la mantención y cuidados rigurosos que hacen trabajadoras del Programa de Empleo y Emergencia”, comenta el director de CONAF Araucanía, Julio Figueroa.

El director regional detalla que desde 2011 se experimentó un salto cualitativo gracias a la inversión que hizo CONAF, que permitió tecnologizar los sistemas de riego, construir invernaderos acorde a las condiciones de suelo y clima de la zona y desde hace unos meses, almacenar semillas por medio de una cámara de  frío, “implementación que nos permite autogenerar las plantas necesarias para abastecer a los programas y proyectos que tienen gran impacto en la comunidad, como por ejemplo, las 8 mil plantas entregadas a la localidad de Pichipellahuén en Lumaco, o con el aporte de especies sagradas para las comunidades mapuche, como canelos y una gran variedad de árboles medicinales”, destaca Figueroa.

A su vez, Mónica González, jefa del departamento de Fomento y Desarrollo Forestal de CONAF Araucanía, enfatiza que en Nueva Imperial está el vivero de larga trayectoria, que en sus 10,3 hectáreas, produce una gran cantidad de especies nativas, ornamentales y exóticas destinadas a los programas  de fomento, y en Curacautín, tenemos habilitadas 3,1 hectáreas, con el propósito de reproducir plantas nativas y de altura, que además gracias a proyectos de la Estrategia de cambio climático de la Institución, ahora cuentan con un invernadero nuevo que permite además producir plantas para los proyectos de fomento.

“Desde hace un par de años, CONAF lidera una investigación para determinar el daño foliar que presentan las Araucarias araucanas y en nuestro vivero de Curacautín tenemos un ensayo con esta especie, que aporta a la línea del proyecto en convenio con la Universidad California Davis, en el cual aplicamos diversos productos y analizamos el comportamiento de las plantas de vivero, porque percibimos que también en plantas producidas y controladas en vivero también se genera el problema”, acotó González.

PRODUCCIÓN

Para lograr una planta sana, el eslabón productivo comienza con la limpieza, etiquetado y almacenamiento de la semilla, la preparación del sustrato y llenado de bandejas, la instalación del material en los contenedores, fertilizar y controlar malezas y  terminar con la aclimatación y desarrollo de las plantas, un proceso productivo que se repite rigurosamente para las 67 especies nativas y exóticas, comenta Víctor Albarrán, encargado regional de viveros.

Agrega que la producción de plantas se realiza por semillas y por reproducción vegetativa. En el primer caso, donde el proceso se inicia con la preparación de los sustratos y contenedores para luego ser sembrados en el invernadero, en contenedores bajo sombreaderos o en siembra a raíz desnuda (platabanda).  La producción vegetativa, en tanto se inicia con la colecta en terreno del material vegetativo, para luego ser llevado e instalar en bandejas con sustrato de corteza de pino compostado, a una temperatura entre los 22 a los 26 grados. “Bajo este sistema, se han logrado reproducir más de 25 especies nativas, que desde este año, se almacenan en la cámara de frío, que permite guardar semillas recolectadas por un par de años o bien derivarlas al Centro de Semillas de CONAF en Chillán”.

Wanda Contreras, encargada regional de Ecosistema y Sociedad y del Programa de Arborización (a cargo de los viveros), detalla que entre las 5 líneas de producción, los viveros trabajan en el crecimiento de plantas para el programa de arborización urbana y periurbanas, que son las que están más cerca de la gente y que canalizamos a través de las organizaciones constituidas, es decir a aquellas que se comprometan a cuidar y mantener las plantas que se destinan para nacientes de agua, para usos medicinales, para sectores rurales y áreas verdes. “Otra línea de reproducción es la de especies en peligro de conservación como el Michay rojo, la Huella chica y el pitao, que trabajamos en convenio con la Universidad de La Frontera”, subraya.

Víctor  Albarrán resume el ciclo: “No es llegar y entregar una planta, las plantas son vida, son como hijos, uno las ve nacer y crecer y por lo mismo, les pedimos a las personas que se las llevan, que las cuiden, los asesoramos en riego, mantención, poda; incluso en el vivero damos charlas técnicas a colegios y agrupaciones que requieran apoyo”, concluye.